sábado, 14 de abril de 2012

Tejelo: como pinceladas de lo que fue Guayaquil (Revista No. 70)

Por Carlos E. López Castro

El mercado Tejelo, calle 52A, en el centro de Medellín, para muchos es un retazo de lo que fue el histórico barrio Guayaquil con sus leyendas. Tan corta y colorida como pinceladas que un artista forma con la multiplicidad de colores de las frutas. Concurren la diversidad de razas humanas, y hasta se sienten sonidos, sabores, olores y se viven historias que palpitan.
EL DESCUBRIDOR.
Esta cuadra que va desde la Avenida de Greiff hasta Juanambú (en la placita Rojas Pinilla, en honor a uno de los presidentes de Colombia), está situada al lado occidental del antiguo edificio de Empresas Públicas de Medellín (construido en 1957), se conoce con el apellido del descubridor del Valle de Aburrá: Jerónimo Luís Tejelo. Después de que el conquistador Jorge Robledo recorrió el sur de Antioquia, se detuvo en Murgia (hoy municipio de Heliconia), y de allí envió a Tejelo a inspeccionar el otro lado de la cordillera, descubriendo el Valle de Aburrá, el 24 de agosto de 1541.
MEMORIA DEL TIEMPO:
SUS PERSONAJES.
Esta historia del Mercado Tejelo (antiguamente conocida como El Hueco) se inicia con la paradoja del campesino –su relación con los frutos de la tierra– quien vende sus productos para poder comer. Tejelo nace de la lucha por la subsistencia. Su inicio es el Resultado del desalojo y la persecución de venteros ubicados en el barrio Guayaquil. O podría decirse que la historia nace parecida a la canción de Daniel Santos que dice: “Y alegre, el jibarito (campesino) va cantando así, diciendo así, bailando así por el camino: “Si yo vendo la carga, mi Dios querido un traje a mi viejita voy a comprar... Y triste, el jibarito va llorando así, pensando así, diciendo así por el camino: “Qué será de Borinquen mi Dios querido, que será de mis hijos y de mi hogar.”
    Sus más de ochenta años de la vida de la señora Hermelina Torres Guzmá –quien desde hace más de 40 años está en Tejelo– son una muestra de esa tragedia humana que han sufrido miles de campesinos durante muchos años en el sector rural de Colombia. Tuvo cinco hijas a las cuales su padre abandonó. Hace 27 años, a doña Hermelina, la guerrilla le asesinó a una de sus hijas en una finca en Urabá y desde entonces se hizo cargo de su nieta huérfana que desde recién nacida creció en Tejelo, perfumada con olor a frutas y con el trasegar de su piel azotada a cielo abierto, al sol y al agua. Y hace cuatro años, a doña Hermelina los paramilitares le asesinaron a una segunda hija y además desplazaron hacia la ciudad a su familia de la misma finca en Urabá.
    La señora Hermelina Torres Guzmán, nació en una finca en Dabeiba. Su infancia, dice ella: “fue muy dura criando animales. Me tocaba trabajar bastante, no fui ni un solo día a la escuela porque usted sabe que los campesinos nunca saben que el hijo necesita estudiar, sino echale trabajo como un animal”. Ella nació en una fecha trágica, el 9 de abril (recordado por el asesinato de Gaitán). A Medellín llegó de 15 años a trabajar con una amiga cerca de la Plaza de Cisneros, en un restaurante en medio de los cafés El Turquestán y El Roma. Hasta que llegó a Tejelo con la Avenida de Greiff a vender bagre en una carreta, cuando en Tejelo estaba el paradero de los buses de Bello. Así recuerda: “Llegué a Tejelo cuando no habían construido el edificio de EPM. Existían varios almacenes de productos eléctricos, carnicería La Española y varios cafés. Nos prohibieron vender pescado por la bulla y por el olor, entonces cambiamos por frutas. Años después, el alcalde nos alquiló unos módulos pequeños para pagar cada mes. Mis hijas también vendían pero todas ya murieron. Los hermanos que llamamos “Los Machetes” llegaron a vender legumbre. A mi nieta que es hija de crianza (porque le mataron a su mamá) la traía desde recién nacida para Tejelo. Le ponía costales a la carreta donde vendía pescado y ahí la acostaba”.
    Una historia algo parecida a la novela El Perfume, donde su autor escribe: “Cuando se iniciaron los dolores del parto, la madre de Grenouille se encontraba en un puesto de pescado... escamando albures que había destripado previamente. Los pescados... apestaban ya hasta el punto de superar el hedor de los cadáveres”.
    En cuanto a la actualidad de Tejelo, doña Hermelina dice que los módulos están muy bonitos, muy modernos. Muy pequeños sí, pero muy modernos.
    En estas historias de Tejelo caben las palabras del cronista de los años veinte, Luis Tejada, quien escribía: “Los pueblos de la montaña son, como la montaña, decididamente graves. En su lucha con la naturaleza bravía, se asimilan mucho de lo profundamente trágico que hay siempre en la naturaleza; esos hombres hermosos y esas mujeres fecundas, antes de venir a engrosar el núcleo de las ciudades nacientes, vivieron sin duda mucho tiempo en la selva (...), y entonces fue cuando se infiltró en sus almas para siempre esa taciturnidad angustiosa de la montaña, que se hará hereditaria y eterna en la raza”.
    Por otra parte, cuando iniciábamos un diálogo con el señor Mario de Jesús Agudelo Gómez, nos interrumpió un empleado que le acababa de acondicionar la energía en su nuevo módulo y le dice: “Esta es su tarjeta para que tenga la energía prepago. Cuando la energía se va a acabar suena una alarma y usted aprieta cualquier tecla. Es bueno que tengan una tarjeta guardada de dos mil pesos para cuando se le vaya a acabar la energía”. Don Mario Agudelo nació en Rionegro en 1945, pero a los ocho años llegó a Medellín y desde entonces trabajaba en la Plaza de Cisneros, del barrio Guayaquil, como vendedor ambulante. Estudió en la escuela nocturna en el Instituto de Cultura Popular hasta primero de bachillerato. En la Calle Amador –antigua plaza El Pedrero– vendía legumbres y frutas. En la esquina de Tejelo con la Avenida de Greiff empezó a vender legumbres y frutas en una carreta, a principios de la década de 1980. Recuerda mucho los bares donde antiguamente tomaba licor en Tejelo: El Marial, El Selecto, El Marsella y El Camagüey. Don Mario termina expresando: “Todo ha mejorado en Tejelo, aunque nos va a tocar pagar el agua y la luz”.
    Y no podía faltar el diálogo con un líder del pasado, quien durante 14 años presidió Asotejelo: el señor Alfonso Marín nació en Uramita. Al preguntarle por su niñez, dice:
    –Mi infancia fue en el campo con mi papá cultivando frijol, maíz y hortalizas. A los 25 años llegué a Medellín, al barrio Manrique. Fue imposible trabajar en una empresa porque no había estudiado. Me di a la tarea de ganarme el sustento diario con las ventas callejeras en Maturín entre Cundinamarca y la carrera Díaz Granados, a finales de los años sesenta, cuando la Plaza El Pedrero funcionaba y teníamos que pelear los venteros con Seguridad y Control que manejaban el espacio público.
    –Dicen que perseguían mucho a quienes vendían en la calle. ¿Es cierto? –le pregunté–.
    –Varias Administraciones Municipales de esa época al ver que nosotros no nos dábamos por vencidos con las ventas ambulantes manejaban una estrategia cerrando las calles para desalojar los venteros, con el pretexto de que iban a hacer algún trabajo, pero no lo hacían.
    –¿Cuándo llegó a Tejelo?
    –Hace 28 años aproximadamente nos vimos tan apretados en el sector de Guayaquil hasta que me instalé en el sector de Tejelo para ganarnos el sustento diario para nuestros hijos. Gracias a estas ventas puedo decir que tengo donde vivir.
    –¿Estuvo en la época del traslado de Guayaquil hacia la Plaza Minorista?
    –Yo, ya estaba instalado en Tejelo. Tengo 3 hijos que nos tocó criarlos en Tejelo, los acostábamos a dormir en una carreta. Iniciamos con bateas y cajones cuando ya podíamos trabajar. Fuimos montando un mercado en la calle.
    –¿Cuáles administraciones han contribuido para bien o para mal?
    –En la administración del alcalde Sergio Naranjo, me senté en el auditorio del colegio Militar en Buenos Aires, y le pregunté qué iba a hacer con los venteros ambulantes. Dijo que pensaba hacer unas marquesinas, unos tolditos que después mandó a construir para los venteros, en tres sectores: Tejelo, Boyacá y Alhambra. Nos unimos como asociación en ASOTEJELO, Asociación de venteros de Tejelo, fui uno de los fundadores, fui el primer presidente, la lideré durante 14 años.  La Administración del alcalde Juan Gómez Martínez propuso el Plan de Recuperación del Centro y creó el programa de los Bazares. Se inició el Bazar de San Antonio, Los Puentes plataformas A, B, C y se continuó con Tejelo, donde se acondicionaron unos puestos de madera con unas carpas verdes, con la organización la gente nos ha buscado para comprar.
    –¿Qué tienen de bueno o malo los nuevos módulos?
    –Los nuevos módulos es un excelente proyecto del saliente alcalde Alonso Salazar, en acero inoxidable. Quedaron con una visión y atracción excelente, estamos junto al Museo de Antioquia y a la Plaza Botero y a la Contraloría General de Antioquia. Pienso que es un error de la Alcaldía, el tener que pagar los servicios públicos, porque estos módulos o este Bazar está en la calle. Inicialmente fueron auspiciados por la Alcaldía. Si a los otros Bazares la Alcaldía les paga los servicios públicos, ¿por qué este que es un bazar que está en la calle nos pusieron a pagar servicios públicos? El descontento que tengo en este momento es que los espacios que hay entre un módulo y otro por donde entra el sol y recalienta las frutas. Pido que nos cubran estos espacios porque cuando llueve el agua que cae entre estos espacios se entra a los módulos porque el piso no tiene caída, tiene una rejilla pero está más alta del piso y se nos encharca el agua. Los alcantarillados nuevos los pusieron muy profundos para desembocar a la quebrada Santa Elena. Cuando la quebrada crece, se represa la tubería.
LA INVERSIÓN.
Es importante recordar que los cambios de los módulos de Tejelo es el resultado de una visita que hace un año hicieron a la ciudad expertos en este tipo de mercados, provenientes de la ciudad de Barcelona, España, que luego de visitar los centros comerciales administrados por el Municipio de Medellín, hicieron una serie de recomendaciones.
    Para el caso de Tejelo, se hizo la intervención de la parrilla, se levantaron los pisos, y se cambiaron las instalaciones eléctricas y de acueducto. La totalidad de los ochenta módulos que conforman el mercado se cambió por otros con otras especificaciones, otros diseños, más funcionales y atractivos para la ciudadanía y los turistas que pasan de la Plaza Botero. La inversión fue de $2.200 millones.1
LOS COLORES
Y LOS SENTIDOS.
Si un extranjero quiere saber cómo es Medellín y cuál es el color zapote, tendrá que visitar el mercado Tejelo. Y escudriñar en el interior de esa fruta maravillosa –la cual no se conoce en algunas ciudades del mundo– y debe escuchar las historias que cuentan sus habitantes que como hormigas trabajan.
    Y como un retazo del viejo Guayaquil que se respete, Tejelo es un danzar de sonidos, una explosión de olores, un resplandor de imágenes y un degustar de sabores. Entre un constante “¡a la orden, a la orden!” de sus vendedores suenan rancheras, vallenatos y música popular en el bar donde están los cachivaches de Memo. Los olores de una mandarina recién pelada y de un mango maduro traído de Santa Bárbara se entremezclan con la fragancia de carne fresca de las meseras perfumadas recién llegadas a los bares, y con el aroma a madre tierra que desprenden las verduras. Además en un rastro en la memoria llegan olores a morcilla que durante tantos años las matronas de delantal ofrecieron en sus inmensas ollas. Ni qué decir de los turistas, quienes a diez pasos de la Plazuela Botero se dan la pasadita para capturar en sus cámaras esos instantes afortunados de colorido, luces y sombras que como silletas producen las frutas igual que las flores. Para quienes leen esto, la boca se vuelve agua al pensar en el sabor de un mango maduro criollo, en el gusto de un zapote o en lo dulce de un banano de tierra fría.
    Tejelo, como pinceladas y recuerdos en los cinco sentidos de lo que fue el viejo Guayaquil. Y por allá, en un bar, suena una antigua canción: “Huye, huye, donde está mayor, donde está. Ya no vende por las calles, ya no pregona en la esquina, ya no quiere trabajar… El que siembra su maíz, que se coma su pilón...”

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1Informe en Boletín de Prensa de la Alcaldía de Medellín.

miércoles, 20 de julio de 2011

La carrera Bolívar movía la Villa

Por Carlos E. López Castro

De Norte a Sur, la carrera Bolívar en un tiempo iniciaba en el antiguo Bosque de la Independencia, pasando por el cementerio de San Pedro, el hospital San Vicente de Paúl y el parque de Berrío para terminar en la antigua estación del ferrocarril de Amagá hacia el sur de la calle San Juan.
Sobre la carrera Bolívar, escribe Carlos J. Escobar G. en su libro Medellín hace 60 años:
“Desde el “Cementerio de San Pedro”, de para arriba, es decir, según la corriente o dirección del río Medellín en antes el “Aburrá”, no había sino pedazos de mangas cubiertos de maleza y cercadas con alambre de púas, y con muy pocas casas, las que estaban colocadas a larga distancia la una de la otra… Hasta llegar al “Puente de Arco” el que estaba construido con mezcla de concreto con piedra labrada, con barandas o rejas del mismo material y pintada con color verde, el cual tenía a uno de sus lados la vieja casa donde funcionó el taller de tejidos de don Carlos Montoya, y al otro la de don Julián Vélez la que estaba cerca a la botica del doctor Teodomiro Villa… Seguía por la parte occidental de la Plaza de la Candelaria la casa de dos pisos con balcón hacia la plaza y pintada de verde de propiedad de los señores Restrepos; lugar ocupado por los edificios donde están las oficinas de la Compañía “Colombiana de Tabaco” y del “Banco de Bogotá… y por último la vieja y mal constuida casa en donde estaban los “Baños de Palacio”1 (1 Carlos J. Escobar. Medellín hace 60 años. Instituto Tecnológico Metropolitano, primera edición 1946, p. 56-61)

BAÑOS DE PALACIO
“En la antigua casa de don Juan Mora Berrío, situada en el Terminal de la hoy carrera Bolívar, estableció el señor Antonio Palacio una casa de baños alimentados por aguas que el señor Mora Berrío traía de su finca de Miraflores, después de …
CEMENTERIO DE SAN PEDRO

CARRERA BOLÍVAR. “Hasta 1897 esta carrera en su parte sur iba solamente unos metros después de Maturín. En ese año por acuerdo N° 28 se hizo un contrato con Rafael Isaza, Macario Restrepo, Eduardo Vásquez y otros para abrirla hasta la calle de San Juan y se abrió en efecto en esos tiempos. Oí decir alguna vez que D. Luis Girardot, padre de Atanasio [Girardot] trató de abrir esta calle desde fines del siglo XVIII o Principios del XIX y no pudo conseguirlo porque desde entonces abundan los ‘hombres estorbo’. De San Juan va esta falle hasta el Bermejal y esta última parte fue la entrada única de Medellín por el lado norte hasta que se abrió Carabobo. Se ha ampliado esta carrera en los puntos siguientes:
En 1923 o 1924 en el costado occidental del parque con
motivo del incendio que hubo pocos años antes en ese lugar. Entre Boyacá y Calibío: según escritura del 8 de marzo de 1920, Ricardo alano cedió una faja gratuitamente frente al edificio Olano, para construir éste. Quiero anotar que la círcunstancia de que yo ofrecí al municipio esta faja espontáneamente suplicándole al Cabildo que aceptara la donación que hacía por convenir a mis intereses, pues el edificio qUe iba a construir quedaba mejor y ganaba mucho, dando a una calle ancha en vez de una estrecha.
Según Acuerdo N° 82 de 19 de junio de 1922, Ma. Josefa v. de Córdoba vende 103 varas cuadradas a $30.00 vara.
Según Acuerdo N° 121 de 9 de septiembre de 1922, Enrique Mejía vende una faja de 48 varas por $1.448.00 para ampliar Bolívar a continuación del anterior.
Según Acuerdo N° 153 de 11 de octubre de 1927, Enrique Mejía y Benjamín Moreno venden por $10.000 un ensanche donde está hoy el Edificio Henry,
Acuerdo N° 224 de 1932: Lajunta del Hospital de S. Vicente de Paúl cede al Distrito una faja de terreno de 144 1/2 metros de longitud por 3 metros de latitud, con cabida total de 433.40 metros cuadrados para ensanche de la carrera Bolívar; tal junta cercará de alambre sus terrenos frente a las carreras de Bolívar y Carabobo, y mantendrá limpios y despojados los frentes de tales carreras. Para tales gastos dará el Distrito $300.
Otras ampliaciones se hicieron en la parte norte de la carrera.
Entre ellas al frente del Hospital y al frente del barrio del Prado, por sesión gratuita que hicieron sus dueños Enrique Moreno y Ricardo alano. Acuerdo N° 187 de 1933.
El puente sobre la quebrada en el punto en que la cruza esta carrera fue construido por Caldas en 1814 Y fue el primero que hubo en la ciudad y se llamaba Puente de Arco. Fue reconstruido en 1906”.

**LA PESTE DE LA SALUD EN COLOMBIA

 Por Carlos E. López Castro

La palabra peste significa: enfermedad contagiosa y grave que produce mucha mortandad. Hedor, olor intenso y fétido. Cualquier enfermedad mortal. Excesiva abundancia de cosas consideradas negativas. Y parece que todo lo anterior fuera sinónimo de “ley 100”, cuyo ponente fue el entonces senador Álvaro Uribe Vélez, ley que ha causado la mortandad en pacientes, iliquidez para trabajadores de la salud y hospitales que han sufrido las inclemencias de un aberrante negocio corrupto que antes era un derecho fundamental: la salud.
    Pasaron 18 años en Colombia para conocer las desventajas de esa Ley aprobada en 1993, que desde el principio mostró mala atención, negación de medicamentos y tratamientos, falta de garantías laborales de médicos y empleados, aumento de tutelas y paseos de la muerte. Tantos años de inequidad y corrupción para que el país conociera que las únicas que han recibido beneficio lucrativo (a costa del detrimento de la salud de los colombianos) han sido algunas Empresas Promotoras de Salud, EPS, otra peste y dolor de cabeza mortal para pacientes, médicos y empleados de la salud.
    La Superintendencia Nacional de Salud intervino a la EPS Saludcoop, por el  aumento de su cartera vencida y por recobros y sobrecostos fraudulentos al Fondo de Solidaridad y Garantías, FOSYGA, por 42 mil millones de pesos. Un informe de la Superintendencia dice que: “en la visita de inspección hecha del 14 al 18 de marzo pasados, encontró que Saludcoop giró 8.013 cheques por un valor superior a 266 mil millones de pesos, pero ese dinero no ha sido recibido por los proveedores”. Dicho cartel -palabra utilizada en el informe- tiene como fin “negar la prestación de los servicios contemplados en el POS con cargo a la UPC y recobrarlos ante el FOSYGA (no POS), vía aprobación de tutela o CTC, para de esta manera obtener ingresos adicionales”. De esta manera el sistema de salud pagaba dos veces el mismo tratamiento.
    Algunas EPS han crecido tanto como negocio que Coomeva, que ya tiene banco propio, ha crecido 26 veces más. Saludcoop 200 veces. Y Salud Total, 82 veces. Esto en tan solo 12 años.
    Saludcoop se convirtió en la empresa aseguradora de salud más grande del país, cuenta con casi cuatro millones de afiliados y, junto con las EPS Cafesalud y Cruz Blanca, del mismo grupo, manejan el 30 por ciento del mercado de aseguramiento de la salud. El negocio de Saludcoop además cuenta con una cooperativa de trabajo “Serviactiva” la cual suministra el personal de servicios generales, y que le descuenta una porción del salario a los trabajadores dejándole una mayor ganancia a la EPS.
    Además de los servicios generales, los médicos, especialistas, vigilantes, call center, abogados, son contratados por empresas pertenecientes a Saludcoop y como cooperativa debe destinar parte de sus ingresos a la educación, pasando sus utilidades al Colegio “Los Pinos” de Bogotá, del cual también es dueño Saludcoop.
    Es importante recordar que Saludcoop aportó a la campaña a la presidencia de Uribe, 50 millones de pesos. Todas las denuncias de varias EPS venían desde hace varios años, según un estudio en 2009 de la Universidad Nacional,  en artículos periodísticos de Daniel Coronell y debates del senador Jorge Robledo, además de organizaciones de médicos y de defensores de la salud.
    Por todo lo anterior, es urgente una reforma o abolición de la ley 100 que haga de la salud el derecho fundamental que debería ser y no la peste de corrupción, el tráfico de las necesidades de los colombianos que enriquece el bolsillo de algunas EPS.

Historia del fútbol y del Mundial sub 20


 Por Carlos E. López Castro

El 29 de julio será el partido de inauguración de la  Copa Mundial Sub 20 que realizará Colombia. La ciudad de Medellín tendrá el grupo F integrado por las selecciones de Argentina, México, Corea e Inglaterra. Este último país es protagonista de la historia del fútbol en sus inicios.
EN INGLATERRA
    El fútbol, como cualquier invento de la humanidad, no nació de la noche a la mañana. Se cuenta que en el antiguo Egipto, en China, Grecia y hasta en India se practicaban juegos parecidos. Fue todo un proceso que en la Europa medieval se inició como un juego de pelota que se practicaba sin ningún reglamento del terreno, duración o participantes, donde era hasta permitido dejar heridos en el terreno. En Gran Bretaña, los habitantes de Cornualles practicaban el “hurling”, consistente en competir en carreras desenfrenadas por valles y montes, atravesando incluso ríos, para depositar la pelota en la portería contraria.1
En Inglaterra, los hijos de familias acomodadas que iban a la escuela pública (public schools) practicaban este juego de pelota, y luego en las principales universidades como Oxford y Cambridge. Las primeras reglas del juego nacen en 1845, cuando es prohibido las patadas en la tibia y ya no se puede usar las manos. La palabra fútbol viene de football palabras inglesas que quieren decir pie y pelota, y se empieza a diferenciar del rugby en la Universidad del mismo nombre, en la cual se permitía coger el balón con las manos.
    En 1863 se funda en Londres la Football Association (FA). En 1871 se crea la Copa de Inglaterra. En 1882 ya existen cerca de mil clubes afiliados a la FA, gracias a que nacen por medio de una relación social en torno a la parroquia, a la industrialización (clubes de empresas) y a la construcción de ferrocarriles, con lo cual se democratiza el fútbol y va dejando de ser un privilegio de unos pocos.
    En 1905, la FA cuenta con diez mil clubes afiliados, y en 1910 con treinta mil jugadores amateurs asociados. La democratización llega a su término y desaparecen los jugadores de las élites.2
El 21 de mayo de 1904 nace la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) y se establecen reglas a nivel mundial.
    Se cuenta que la llegada del fútbol a América se hizo por medio de ingleses que llegaban con su expansión económica, principalmente para la construcción de ferrocarriles, compañías de navegación, con trabajadores de casas comerciales portuarias, empresas mineras o en la instalación de líneas telegráficas.
    En Colombia, con su situación geográfica, las ciudades de Barranquilla, Santa Marta y Pasto (límítrofe con Ecuador) se consideran las iniciadoras del fútbol. A Colombia todo llegaba y salía por vía marítima, y por el río Magdalena, además que la naciente industria cafetera y bananera necesitaba ferrocarriles para una mejor exportación. 
    En 1908, de pronto, calles, potreros y cualquier lugar abierto de Barranquilla empezaron a verse invadidos por jóvenes que le pegaban con los pies a una pelota mientras corrían tras de ella para evitar que otros la tomaran. Inicialmente fue sólo una diversión, sin visos de seriedad. Al promediar 1908 (según el historiador barranquillero Mike Urueta) Arturo de Castro, joven barranquillero  recién llegado de Gran Bretaña en donde estudió, empezó a motivar a sus amigos para organizarse en equipos.3 Fue así como nació el primer equipo en Colombia con el nombre de Barranquilla Fútbol Club, que practicaban en un terreno conocido como La Esmeralda.
    En 1912, el primer equipo de fútbol en conformarse en la ciudad de Medellín se llamó Sporting y en 1913 nace el Medellín Foot Ball Club, que con el tiempo cambió de nombre por Deportivo Independiente Medellín.
    El 21 de mayo de 1904 nace la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) y se establecen reglas a nivel mundial. En Colombia se fundó la División Mayor de del Fútbol Colombiano (Dimayor) en 1948.
COPA MUNDIAL
SUB 20
    En Colombia se realizará la XVIII edición de la Copa Mundial de Fútbol Sub-20. Se disputará del 29 de julio al 20 de agosto de 2011. Los 24 equipos participantes se repartirán en 6 grupos de 4 equipos cada uno. Las ciudades sedes serán: Bogotá, Medellín, Cali, Manizales, Armenia, Cartagena, Pereira y Barranquilla. Copa Mundial de Fútbol Sub-20 es un torneo de selecciones nacionales de fútbol compuestas por jugadores masculinos menores de 20 años. El torneo es organizado cada dos años por la FIFA y surgió en 1977 como derivado de la Copa Mundial de Fútbol. Es la segunda competición más antigua de la FIFA y la segunda más concurrida después de la Copa Mundial.
    Llamada oficialmente Copa FIFA Coca-Cola hasta 1997 y Copa Mundial de Fútbol Juvenil hasta 2005, la Copa Mundial de Fútbol Sub-20 se ha caracterizado por ser la plataforma de grandes figuras del fútbol mundial, como Diego Armando Maradona, Davor Suker, Luis Figo, Ronaldinho y Lionel Messi.
    Símbolos: el logotipo es una taza humeante de café con los colores del tricolor colombiano y su leyenda juvenil. La mascota es un papagayo que, según el comité organizador, representa todo el sabor, biodiversidad y fauna y flora de Colombia. Esta, fue elegida por el comité organizador porque representa la alegría y espontaneidad del pueblo colombiano como anfitrión de este evento.
    En el Mundial de Malasia 1997 se amplió el cupo de los 16 hasta los actuales 24 equipos participantes.
    Clasificación: 24 equipos participan en cada uno de los eventos. A excepción del país anfitrión, los 23 restantes participan en un proceso clasificatorio dentro de cada una de las confederaciones continentales: Asia, Campeonato Juvenil de la AFC. Africa, Campeonato Juvenil Africano. Norteamérica, Campeonato Sub-20 de la CONCACAF. Suramérica Campeonato Conmebol. Oceanía, Campeonato Sub-20 de la OFC. Europa, Campeonato Europeo de la EUFA Sub-19.
    En la Copa Mundial Sub 20, se dispuso la entrega del trofeo al goleador del evento. En caso de que más jugadores tengan igual número de anotaciones, es considerado ganador del llamado “Botín de Oro Adidas” aquél que tenga mayor asistencia. Desde la Copa Mundial de Fútbol Juvenil de 2005, fueron además instituidos el “botín de plata” y el “botín de bronce”, para los jugadores del segundo y tercer lugar.
    Otro de los premios es el Balón de Oro Adidas, al igual que en la versión adulta del torneo, es entregado al mejor jugador de cada edición del torneo. FIFA crea una lista con los 10 mejores jugadores del torneo y los representantes de la prensa especializada votan por ellos.
    El trofeo oficial de la Copa Mundial Sub- 20 de la FIFA fue diseñado y fabricado en el año 2001 por la firma italiana de diseñadores y arquitectos Sawaya & Moroni.  El trofeo que tiene una altura de 49 centímetros y un peso de 2.92 kilogramos, está compuesto por una figura con tres pilares fundamentales: Respeto, Juego Limpio y Trabajo en Equipo, sobre las cuales reposa un balón. Está hecho de plata y su base de lapislázuli.
Mundial Sub-20
Túnez 1977
    La primera edición de la Copa Mundial de Fútbol Sub-20, se realizó en Túnez, entre el 27 de junio y el 10 de julio de 1977. Los participantes fueron Austria, Brasil, Costa de Marfil, España, Francia, Honduras, Hungría, Irán, Iraq, Italia, Marruecos, México, Paraguay, Túnez, Unión Soviética y Uruguay.
El campeón fue Unión Soviética que le ganó 9-8 a México con cobros desde el punto penal. El goleador fue Aguinaldo Roberto Gallón de Brasil.
    La sorpresa la daría el equipo mexicano al vencer en las semifinales al equipo brasileño, que eran los grandes favoritos.

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NOTAS:
1. Alfred Wahl. Historia del fútbol, del juego al deporte. Ediciones BSA, 1997 Barcelona, p. 14
2. Ibíd., p. 14
3. Alberto Galvis Ramírez. Cien años de fútbol en Colombia. Editorial Planeta, Bogotá, 2008. p. 12
fuente consultada:
www.fmf.com

---* UNA TARDE DETENIDO EN NUEVA EPS

Por Carlos E. López Castro

Prefiero un calabozo en la cárcel que una detención sin causa justa en urgencias de Nueva EPS, como me sucedió el pasado 18 de mayo.
    Ese día ingresé a las 2 de la tarde como periodista de la Revista Historias Contadas –encubierto como cualquier ciudadano que visita un paciente- a realizar un reportaje periodístico a las instalaciones de urgencias de Nueva EPS (antiguo Instituto de Seguro Social). Conversé con algunos pacientes, adultos mayores y al comprobar el estado colapsado y el hacinamiento que presentaba el lugar, tomé algunas fotos con el fin de reportar las condiciones que presentaban esos pacientes adultos mayores que cumplían entre 20 y 36 horas de estar hospitalizaos, sentados en una silla plástica sin asignación de una cama o camilla.
    En el momento de las fotografías fui interrumpido por uno de los médicos y por un vigilante que se dirigieron a las personas encargadas del asunto.
    En diálogo con la comunicadora social encargada de la EPS, me dijo que no podía responder a algunas preguntas y que yo no podía salir de las instalaciones hasta que no borrara las fotos (aunque  lo ideal sería que me solicitara publicar las fotos respetando la identidad y la privacidad de los pacientes y del personal médico por motivos de seguridad).
    Al negarme a borrar las fotos de mi cámara (por ser material de mi trabajo amparado en la ley 20 de la Constitución sobre la libertad de prensa), me informó que llamaría a Personería y a la policía para que me obligaran a borrar las fotos.
    Efectivamente, casi una hora después llegaron dos agentes de policía. Yo insistí en la presencia de algún funcionario de Personería (para reportar las dos situaciones injustas), lo cual no fue posible según respuesta telefónica de la doctora Nelly Margarita, de derechos humanos de la Alcaldía. Con la amenaza de no poder salir del lugar (detención sin causa justa) uno de los agentes de policía me obligó a borrar las fotos.
    Por eso, le doy al lector una idea de las imágenes que capté con mi cámara: es como ver una película de guerra donde se muestra un hospital con los corredores atiborrados de heridos en camillas improvisadas, dignas. Pero en este caso, el cambio está en que en la Nueva EPS la mayoría eran adultos mayores, heridos por enfermedades que trae la guerra contra los años, y algunos completaban entre 20 y 36 horas de estar hospitalizados, pero sentados en indignas  e incómodas sillas plásticas.
    En estos hechos se violaron los derechos de los pacientes hospitalizados en sillas y el mío como periodista, por la detención sin causa justa.

Medellín al cumplir 335 años, ¿cuál es el futuro de nuestra memoria?

 Por Carlos E. López Castro

Como todo acontecimiento histórico, la fundación de Medellín fue un proceso de varios años que hoy es posible conocer gracias a los archivos escritos que se conservan de esa época. Pero hoy, la misma tecnología mal utilizada es la culpable de la pérdida de archivos y fotografías de la ciudad (testimonio del presente para el pasado) al borrarlas, con un simple clic, en computadores y cámaras digitales.
    La fundación de Medellín se empezó a gestar el 20 de marzo de 1671 (fecha que se considera como la primera fundación), pero el 2 de noviembre de 1675, es la fundación oficial porque el gobernador Miguel de Aguinaga en persona dictó el auto de erección del sitio de Aná en Villa de Medellín. Este nombre fue en honor a su protector y Presidente del Consejo de Indias, que lo era don Pedro Portocarrero (Conde de Medellín) quien intercedió en Sevilla (España) a favor de los habitantes del Valle de Aburrá, aburreños.
    Cuando se conmemoró, en el año 1875, los doscientos años de la fundación, se creó la Urna Bicentenaria que consistía en guardar (en un baúl de madera) fotografías y documentos para que fueran abiertos cien años después. Se abrió la urna en 1975 encontrando valiosas fotografías testimonio del pasado.         Esta es una época propicia para reflexionar sobre el legado histórico que no estamos guardando, memoria que se está perdiendo para futuras generaciones a causa del cambio en la tecnología. En pocos años, hemos pasado de guardar archivos y documentos en discketes, luego a C.D., después a formato DVD, y hoy a memorias USB las cuales en poco tiempo serán inservibles con lo cual se perderán archivos y textos que no fueron publicados en papel.
    Otro ejemplo está en que las antiguas emisoras grababan sus programas en cintas diferentes a las de hoy que son casi imposibles de reproducir o escuchar, perdiéndose así importantes archivos para la historia. Hoy se está pasando de casetes a grabación digital que dentro de algunos años habrá cambiado. Y en cuanto a los videos familiares o sobre la ciudad, del Betamax se pasó al VHS que ha quedado en el pasado reemplazado hoy por el DVD.
    Por todas las razones expuestas, desde esta revista le seguimos apostando desde hace 7 años a la imprenta en papel de nuestros textos y fotografías para que en las bibliotecas y en los hogares perdure durante muchos años una pequeña muestra de lo que ha sido Medellín, sus calles, el centro y la comuna 10, La Candelaria.
    Es importante el hecho de conservar los textos escritos porque hoy podemos leer (para conocimiento de nuestra historia) lo que el carmelita Fray Antonio Vásquez, 30 años antes de la fundación de Medellín, escribía:
    “A 20 leguas de Antioquia (Santa Fe de Antioquia) está el Valle Aburrá de los más fértiles, y abundantes de pastos, que ay en todas las Indias, por cuya causa ay en él gran suma de ganado mayor y menor, cavallos, yeguas, mulas, danse en él muy buenas hortalizas, y legumbres, es de temple mas frío, que caliente: cogese en él gran cantidad de maíz, quatro, o cinco especies de frisoles…”

La carrera Girardot, donde estaba el circo España

Por Carlos E. López Castro

Los sitios más importantes del pasado de la carrera Girardot fueron el “Puente Colgante” construcción dirigida por los estudiantes de la Escuela de Minas, en la quebrada Santa Elena, y el circo España, ubicado entre las calles Caracas y Perú.
    Esta carrera 43 toma el nombre en memoria de Atanasio Girardot, quien nació en una antigua casa cerca de la iglesia La Veracruz, en mayo de 1771. A sus 18 años terminó su carrera de abogado, a los 22 años era coronel. Participó activamente en la campaña libertadora y murió en la batalla del cerro El Bárbula en 1813.
    Antiguamente la carrera Girardot se confundía con el callejón llamado El Chumbimbo que empezaba en el puente de Girardot y continuaba hacia el norte desembocando a media cuadra del Circo España.
    En el año 1870 se decía de la carrera Girardot que era la más oriental recientemente abierta. Principia en Pichincha y sigue hacia el norte, cruzando la quebrada y llega al Chumbimbo una calle sin nombre.1
    En la carrera Girardot con Maracaibo existió un árbol de Guanábano, nombre con el que fue bautizado todo el sector (hoy parque del Periodista).
    Algunos cronistas del pasado, testigos directos que vivieron la época escribieron sobre el Circo España así:
    “Circo España, construido en 1909-1910 por una sociedad formada por don Daniel Botero –terrateniente urbano en la zona, cuya casa quedaba en Maracaibo con El Palo-, don Antonio Gutiérrez, don Ernesto Trujillo, don José Ughetti y don José Zapata; el arquitecto fue Horacio Rodríguez. Esta importante obra se destacó desde entonces, según algunos, incluso a nivel suramericano. Cuando en 1912 se importó, además, de Alemania y a todo costo, la gigantesca estructura metálica para ponerle una cubierta que permitiera funciones permanentes de teatro, ópera y cinematógrafo, hubiese o no lluvia, este espléndido escenario cumplió  un papel capital en Medellín y fue por mucho tiempo motivo de justo orgullo, ya que su capacidad para dichos espectáculos llegaba hasta la increíble cifra de 7.000 espectadores (para “circo de toros” propiamente dicho, sólo 5.000). El circo ocupaba un basto cuadrilátero entre la calle Caracas y Bolivia y las carreras Girardot y Córdoba”.2
    Hasta se dice que en Girardot con Perú existió una cancha de tenis en el año 1915.
    En 1925, en una guía turística de Medellín, se dice del Circo Teatro España: “Calle de Caracas. Teléfono: 180. Una de las mejores plazas de toros en Suramérica, que se ha adaptado también para representaciones teatrales y de cinematógrafo al aire libre.3
    “Frente a la Puerta Mayor, y por su césped, era por donde a lado y lado, la imaginación de alguna señora había ideado lo de los estanques y lo de los patos. Patos que durante mucho tiempo retozaron apaciblemente los domingos de corrida, indiferentes a la soberana grita del respetable apiñado en las galerías y a buen seguro algo pasado de aguardiente. Algunas soberanas palmas –mucho más soberbias de las que se les pudieron brindar a los lidiadores- y que se murieron de viejas  antes de que el Circo fuera transferido a otro sitio, encuadraban también la Entrada Mayor, con su avenida de cascajo, sus ribetes de geranios y sus dos estanques donde retozaban los patos… No fue el Circo España el primer circo que hubo en Medellín. Lo precedieron el Circo de El Palo… En cambio fue el más grande que hubo para su tiempo. Le precedió inclusive, a las Arenas de San Diego, en Bogotá”.4
    Por otra parte, don Jesús Peláez, lo describe así: La muy hermosa arquitectura de la entrada, estaba ubicada al cruce de la carrera Girardot con la calle Caracas. Una avenida amplia, de la entrada hacia el interior, daba acceso al público que había pagado la entrada a palcos y otros sitios especiales, reservados a las personas económicamente pudientes. Los pobres, los pata al suelo, tenían su entrada por la calle Perú. Allí, un hombre de apellido Peña, que había dejado el puesto de policía, se las entendía con toda la muchachada –en su mayor parte niguatera- que pretendía entrar al espectáculo haciendo torres humanas para ganar la tapia, y luego, saltar al piso para colarse diseminándose entre los espectadores.5

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NOTAS:
1Ricardo Olano. Memorias. p. 314
2Fabio Botero. Cien años de la vida de Medellín. Editorial U. de A. y municipio de Medellín. Segunda edición, 1998, p. 97
3Varios autores. La ciudad año 1925, p. 317
4Uriel Ospina. Medellín tiene historia de muchacha bonita. Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1976, p. 90
5 Jesús Peláez Álvarez. Revista Historias Contadas No. 17, octubre de 2005, p. 28